domingo, 6 de noviembre de 2011

Traduttore, traditore



Hay una propensión, bastante generalizada entre los críticos, a buscar en la obra del autor que estudian trazas de la vida de éste, o a interpretar las acciones de sus personajes según las propias acciones del escritor. Tolkien se mostraba reacio a que se interesaran por él de forma biográfica, pues tenía por cierto que ello conllevaría, irremediablemente, que algún estudioso de su obra se sintiera irresistiblemente tentado a buscar lecturas alternativas a través de ese prisma.

Como parecerá obvio, este vicio se acentúa cuando el artista en cuestión llevó una vida especialmente agitada, turbulenta o atípica; cuando es uno de esos artistas que llama tanto la atención por su vida como por la propia obra en sí. Entre ellos, creo que podemos señalar a mi chico, Oscar Wilde.

Aún en vida de Wilde y hasta hoy, muchos críticos han querido encontrar en los relatos de Wilde una confesión velada de su reprobada forma de vida, así como significados ocultos, distintos a los que a simple vista se extraen de sus historias. Desde luego, a menudo es difícil no asociar lo que dijo con lo que hizo. El propio Wilde reconoció en diversas ocasiones que en sus escritos hay mucho de sí mismo (lo cual es lógico ya que, después de todo, ¿no han salido todos sus personajes, buenos y malos, parecidos o no al propio Wilde, de su cabeza? ¿No contendrán algo de lo que considera feo o hermoso, perverso o inocente, esté el autor de acuerdo o no con los actos de sus creaciones?). Sin embargo, también puso objeciones a que se hicieran lecturas “biográficas”, ya fuera de sus textos o de los de otros, pues ello haría que el lector no se tuviera que implicar necesariamente en la narración: si consideras, apruebes o no, la opinión del autor (que no el narrador), ¿qué necesidad tienes de ponerte en lugar de los personajes, de vivir la historia a través de ellos?

Pero aún hay otro modo en que la vida de un autor puede tener efecto sobre su obra. Se trata de aquellos casos en que, entre el artista y el lector, media una tercera persona: la que traduce la obra a otros textos.

El oficio del traductor es muy difícil, y en mi opinión, no es reconocido como merece. Cierto es que, cuando soy capaz de leer una obra en su versión original, prefiero hacerlo así; y que hay traductores que hacen un trabajo no mediocre, sino realmente lamentable, como es el caso de una penosa traducción de El Retrato de Dorian Gray que mató algo dentro de mí hace poco, pero que habiendo sido financiada por el mal llamado traductor, imagino que habrá que disculpar. Muchos tienen alma de escritor pero, por alguna razón, prefieren hacer versiones de las obras de otros en lugar de escribir sus propias historias: y de éstos, aunque a menudo realizan una labor hermosa (y en ciertas ocasiones incluso realzan un trabajo originalmente inferior), hay que cuidarse, pues presentan a los ojos del lector una obra distinta de la original.

Pero también está el caso de aquellos que se enfrentan a una traducción difícil: una en la que deben decidir ceñirse al original o aportar algo de su propia inventiva, para salvar algún dato difícil. De su decisión puede depender cómo interprete el futuro lector la obra, toda ella o una parte; y en cualquier caso, siempre habrá quien condene su decisión final.

Veamos un ejemplo de ello, que es a lo que venía esta entrada. Al principio de The Happy Prince (El Príncipe Feliz), de nuestro querido Wilde, encontramos las siguientes líneas:

One night there flew over the city a little Swallow. His friends had gone away to Egypt six weeks before, but he had stayed behind, for he was in love with the most beautiful Reed. He had met her early in the spring as he was flying down the river after a big yellow moth, and had been so attracted by her slender waist that he had stopped to talk to her.”

Aquí se nos presenta a uno de los protagonistas del relato: la golondrina, que justo cuando tocaba migrar a Egipto, se enamora de un junco. Veamos la traducción de Julio Gómez de la Serna, que junto con Ricardo Baeza es el autor de las traducciones de Wilde que, hasta donde he visto, sirven de referencia a otros:

Una noche, una golondrinita voló velozmente hacia la ciudad.
Seis semanas antes habían marchado sus compañeras a Egipto; pero ella se quedó rezagada. Estaba locamente enamorada del más hermoso de los juncos. Lo vió al iniciarse la primavera, mientras revoloteaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla oro; y su esbelto talle la sedujo hasta el punto de que se posó para hablarle.”

¿Os habéis percatado del intercambio de sexo entre la golondrina y el junco? En inglés, los sustantivos no tienen género, al contrario que en castellano. “The swallow”, al igual que “la golondrina” sirve tanto para el macho como para la hembra; pero, debido al género de la palabra, al oír en castellano “la golondrina” tendemos a pensar en una hembra: esto es, confundimos género con sexo (como hacen nuestros queridos políticos y cada vez más gente cuando hablan de “violencia de género”, algo que sólo es apropiado en caso de que alguien maltrate a un artículo). Sin embargo, Wilde señala el sexo de la golondrina mediante pronombres: His friends had gone away to Egypt six weeks before, but he had stayed behind”. La golondrina de nuestra historia es un macho. Por el contrario, el junco (que en castellano consideraríamos “macho”, aunque en este caso ni siquiera ha lugar), es femenino en el relato original: “had been so attracted by her slender waist that he had stopped to talk to her.” (más adelante habría algún “she” que resulte más esclarecedor para los que os peleéis con el inglés; los pronombres son un verdadero problema en ocasiones).

Y diréis: ¿qué importa eso? A fin de cuentas, se cambia el sexo de ambos, todo concuerda, y tan felices todos. Y, ciertamente, si uno lee el cuento de niño, le traerá sin cuidado quién lleve las metafóricas faldas. Ocurre que, según cuán quisquilloso sea uno (o según qué busque en el cuento, si es que se está fijando en algún aspecto en concreto), puede encontrar que lo que siga sea distinto de lo esperado. El relato prosigue inmediatamente:

Shall I love you?” said the Swallow, who liked to come to the point at once, and the Reed made him a low bow. So he flew round and round her, touching the water with his wings, and making silver ripples. This was his courtship, and it lasted all through the summer.
“It is a ridiculous attachment,” twittered the other Swallows; “she has no money, and far too many relations”; and indeed the river was quite full of Reeds. Then, when the autumn came they all flew away.”

Te amaré―decidió la golondrina, que no se andaba nunca con ambages.
El junco le hizo una profunda reverencia. Entonces, la golondrina voló a su alrededor, rozando el agua con sus alas y dejando estelas plateadas. Era su manera de hacer la corte, y así fué pasando el estío.
―Es un absurdo enamoramiento―chirriaban las otras golondrinas―. Ese junco es un pobretón con demasiada familia.
El río estaba, en efecto, poblado todo de juncos. Al llegar el otoño, todas las golondrinas alzaron el vuelo.”

Así, en castellano, es la hembra quien se declara; algo muy usual hoy en día, pero poco menos que inaceptable entonces. Asimismo, las otras golondrinas previenen a su compañera de un asunto financiero asociado también a la mujer: la familia y la dote. Recordemos, por ejemplo, la situación de las hermanas Bennet en Orgullo y Prejuicio, cuya madre teme no poder casarlas debido a que, a la muerte de su padre, será un sobrino de éste quien herede la mayor parte de su fortuna. Hay después algún que otro detalle menor, que no nos pararemos a comentar.

Si el traductor hubiera decidido dar prioridad al sexo de la golondrina y el hipotético sexo del junco sobre la exactitud de la traducción, no le habría costado mucho sustituir la golondrina por alguna otra pequeña ave migratoria con nombre de género masculino: vencejo, pardillo, mosquitero, verderol… el relato no hace referencia al color del plumaje, ni se describe apenas a la golondrina, con lo cual no tendría demasiados problemas. Sería cuestión de recurrir a una enciclopedia y buscar alguna especie que reúna determinadas condiciones, como puede ser que anide en Gran Bretaña durante la primavera. En cuanto al junco, se dice “caña” en su lugar, y hemos resuelto el problema.

Y ahora volvemos al punto de partida: ¿debemos tener en cuenta la vida del autor a la hora de leer, interpretar o traducir su obra? De ello depende que demos importancia o no a lo que ocurre en la parte final (y recalco esto porque si no habéis leído el relato os voy a destripar cómo acaba):

The poor little Swallow grew colder and colder, but he would not leave the Prince, he loved him too well. He picked up crumbs outside the baker’s door when the baker was not looking and tried to keep himself warm by flapping his wings.
But at last he knew that he was going to die. He had just strength to fly up to the Prince’s shoulder once more. “Good-bye, dear Prince!” he murmured, “will you let me kiss your hand?”
“I am glad that you are going to Egypt at last, little Swallow,” said the Prince, “you have stayed too long here; but you must kiss me on the lips, for I love you.”
“It is not to Egypt that I am going,” said the Swallow. “I am going to the House of Death. Death is the brother of Sleep, is he not?”
And he kissed the Happy Prince on the lips, and fell down dead at his feet.”

La pobre golondrina sentía cada vez más frío, pero no quería dejar solo al Príncipe, porque le amaba tiernamente. Picoteaba las migas que quedaban a la puerta del panadero, procurando que éste no la viese, e intentaba entrar en calor agitando sus alas. Pero, finalmente, comprendió que iba a morir. Sólo tuvo ya fuerzas para volar hasta el hombro del Príncipe.
―¡Adiós, mi querido Príncipe! ―musitó―. Permitidme que os bese la mano.
―Me da la mayor alegría que marches al fin a Egipto, golondrinita―dijo el Príncipe―. Has estado aquí demasiado tiempo. Bésame en los labios, porque te amo.
―No voy a Egipto―murmuró la golondrina―. Voy a la morada de la Muerte… La Muerte es la hermana del Sueño, ¿verdad?
Y besando al Príncipe Feliz en la boca, cayó muerta a sus plantas.”

Un lector de la época en que fue publicada la historia posiblemente no hubiera dado importancia al hecho de que la golondrina confesara su amor a la estatua del Príncipe Feliz, y besara sus labios antes de morir. Un lector que lo leyera tras el escandaloso juicio de Wilde probablemente lo entendiera de un modo distinto.

Y, a la hora de verter el cuento al castellano, el traductor seguramente no pudiera dejar de pensar en cómo se leería ese amor y ese beso en España, esta España mía, esta España nuestra. Lo cual, no me cabe duda, habría de condicionar en gran medida su labor.


Ilustración de H. Paul

domingo, 23 de octubre de 2011

Cuando la realidad supera a la ficción: el Caso Maud Allan

La siguiente historia tiene por protagonistas a un polímata homófobo, una actriz y bailarina exótica sobre la que recaían sospechas de espionaje, y el recuerdo de un genio muerto casi veinte años antes. Por si esto fuera poco, tiene por telón de fondo la Gran Guerra, y, si esto aún no es estímulo suficiente, el hombre muerto, verdadero protagonista de esta historia, es ni más ni menos que Oscar Wilde.

Noel Pemberton Billing (1881 – 1948), el “malo” de nuestra historia (si es que ha de haber buenos y malos, y dependiendo también del punto de vista; en mi caso, me temo que soy absolutamente parcial), fue aviador, maquinista de tren, policía, escritor, editor, campeón de boxeo (lo cual no deja de recordar al Marqués de Queensberry, padre de Lord Alfred Douglas, quien da nombre al reglamento actual), inventor y empresario. Posiblemente sea más conocido como el fundador y propietario de Supermarine, la compañía que produjo las conocidas avionetas Spitfire que tantos problemas darían a Hitler en la II GM. Fue también miembro independiente del Parlamento, siendo conocido por sus inclinaciones hacia la extrema derecha y por su enorme interés en potenciar el ejército aéreo. Durante la Primera Guerra Mundial, que es el período que nos ocupa, se hizo célebre también por sus homofóbicas teorías conspiratorias, como veremos más adelante.

La “heroína” de este relato, si es que podemos considerarla así, fue Beulah Maude Durrant, conocida más tarde como Maud Allan (1873? –1956). Estadounidense nacida en Ontario, en 1895 marchó a Berlín para estudiar piano en la Hochschule für Musik. Se vio llevada a cambiar su nombre para evitar ser relacionada con el escándalo que hubo en torno a su hermano Theodore, que fue ahorcado en 1898 por el asesinato y aparente violación de dos jóvenes en San Francisco. Este hecho, que conmocionó a Maud, la empujó también a abandonar el piano y comenzar a explorar otras vías artísticas. Fue así como se convirtió en bailarina, actriz, coreógrafa, además de adentrarse en el mundo de la ilustración, el diseño, la fotografía y la escultura.

En 1903 debutó con gran éxito en Viena con un espectáculo de danza llamado "La Visión de Salomé" (‘The Vision of Salome’), basado de forma bastante libre en la Salomé de Oscar Wilde. Aunque su formación como bailarina era limitada, tenía una gran creatividad, y se hizo famosa y a la vez infame por su versión de la Danza de los Siete Velos. En los años subsiguientes bailó en Berlín, Budapest, Praga y París. Finalmente, en 1908 se presentó en Inglaterra, llegando a hacer 250 actuaciones en menos de un año. En Inglaterra se ganó la admiración de miembros de la Realeza, del Primer Ministro Asquith y su esposa Margot –con quienes trabó estrecha amistad–, así como de gente de la alta sociedad e intelectuales. A título de curiosidad, cabe mencionar entre sus seguidores a Aleister Crowley, aunque no venga al caso. En cambio, sí es relevante su contacto, ya entonces, con Robert Ross, amigo y albacea de Oscar Wilde.

Tras años de éxito, Maud se embarcó en una gira mundial. En 1916 volvería a Inglaterra, con la esperanza de relanzar su carrera, que comenzaba a declinar. Dejando parcialmente de lado la danza, decidió lanzarse a interpretar el personaje cuya danza había venido encarnando. Así, en 1918 Robert Ross organizó dos actuaciones privadas de Salomé. La interpretación en público era inviable, dado que de la obra seguía censurada por el Lord Chambelán, quien había negado la licencia a Wilde bajo el pretexto de que se trataba de un tema bíblico –por este veto la obra no pudo ser estrenada en Inglaterra en vida del autor–.


Sin embargo, el 16 de febrero, pocos días antes de su debut en Inglaterra, fue publicada en el Vigilante (llamado así también en inglés) una nota enmarcada y con llamativo encabezado:

The Cult of the Clitoris

To be a member of Maud Allan’s private performance in Oscar Wilde’s Salome one has to apply to a Miss Valetta of 9 Duke Street, Adelphi, WC. If Scotland Yard were to seize the list of these members I have no doubt they would secure the names of several thousand of the first 47,000.


“Los 47.000” hace alusión a cierta “lista negra” que requiere una explicación. En aquel tiempo, Gran Bretaña se encontraba inmersa en el enfrentamiento del frente occidental, en pleno Kaiserschlacht (la última gran ofensiva del ejército alemán, en la Primera Guerra Mundial). Las cifras de muertos eran horriblemente elevadas, y no se veía fin al enfrentamiento. En este clima, muchos fueron los que opinaron que la fuerza de Gran Bretaña estaba siendo mermada por traidores. Entre los que pensaban así estaba Billing, quien creía firmemente que la homosexualidad estaba extendiéndose y mancillando la sociedad inglesa, y que ello estaba relacionado con el espionaje por parte de los alemanes en el contexto de la Gran Guerra. Había fundado un periódico, el Imperialist, en el cual escribió un artículo, fechado el 27 de enero, basándose en la información proporcionada por Harold Sherwood Spencer, según la cual los alemanes estaban chantajeando a “47.000 pervertidos británicos muy bien posicionados” (‘47,000 highly placed British perverts’) para “propagar los males que todo hombre decente pensaría extintos en Sodoma y Lesbos” (‘…propagate evils which all decent men thought had perished in Sodom and Lesbia [sic]). Tales nombres se suponían inscritos en el llamado “Libro Negro de Berlín”, en posesión del Mbret de Albania, Vidit I (Wilhelm Friedrich Heinrich de Wied, quien durante un breve período sería soberano de Albania, antes de que ésta se convirtiera en República en enero de 1925). Tal libro, supuestamente, revelaba el plan alemán de exterminar la hombría de Gran Bretaña llevando a sus hombres a cometer actos homosexuales. De acuerdo con Billing, “incluso el que holgazaneara en las calles no estaba seguro. Había meretrices, agentes del Kaiser, apostadas en lugares como Marble Arch y Hyde Park Corner. En este libro negro del pecado se daban detalles de la antinatural desfloración de niños . . . se enredaban mujeres casadas en posiciones polémicas. En un éxtasis lésbico, los secretos de estado más sagrados se fueron amenazados” (‘Even to loiter in the streets was not immune. Meretricious agents of the Kaiser were stationed at such places as Marble Arch and Hyde Park Corner. In this black book of sin details were given of the unnatural defloration of children . . . wives of men in supreme positions were entangled. In Lesbian ecstasy the most sacred secrets of the state were threatened.’).

Fue poco después, en 1918, cuando renombró su periódico, que pasó a ser el Vigilante, y publicó el artículo referido anteriormente. Ahora se entenderá que dicho artículo implicaba que nuestra actriz, Maud Allan, era una lesbiana relacionada con los conspiradores alemanes. Ella, lejos de ignorar el asunto, denunció a Billing por libelo, basándose en dos acusaciones: la primera, que Billing había publicado un artículo difamatorio contra ella y J.T. Grein, su empresario; la segunda, la obscena redacción del mencionado artículo. El caso levantó una tremenda expectación.

Billing, que se representó a sí mismo, contó entre sus testigos con Harold Spencer, quien había recibido una excedencia del Ejército Británico por una “enfermedad mental ilusoria” (‘delusional insanity’), y Miss Villiers-Stuart, al parecer su propia amante, quien aseveró haber leído el Libro Negro, y junto con Billing montó un gran revuelo en su declaración. Transcribo la traducción de Pérez de Ayala de uno de los fragmentos del proceso, que no tiene desperdicio:
El juez.– ¿Puede usted dar su palabra?
V. S.– Sí. Era un libro grande, negro, impreso en Alemania.
Interviene Billing, con preguntas que el juez Darling considera ociosas. El juez alude a las reglas del procedimiento. Billing comienza a exasperarse.
B.– No sé nada de reglas ni de ley. He venido aquí, en justicia, a probar una cosa, y la he de probar.
El juez.– Pero pruébela usted observando las reglas.
Billing [colérico, dando un puñetazo y con voz aguda, pregunta a la testigo].– ¿Está en la lista de personajes viciosos y sospechosos el nombre del juez Darling?
La testigo.– Sí.
Tumulto. Billing grita:
– ¡Está en la lista el de la señora Asquith?
La testigo.– Sí.
B.– ¿El de Asquith? ¿El de lord Haldane?
La testigo.– Sí, sí.”

Además de al mismo juez que presidía el juicio, Billing atacó públicamente al Primer Ministro, Herbert H. Asquith, y a su esposa, de quien insinuó que había sido sorprendida ejerciendo poco menos que de meretriz. Lord Haldane, a quien se hace mención, es Richard Burdon Haldane, Primer Vizconde de Haldane, quien ejerció como Secretario de Estado Británico para la Guerra (ministro de Defensa) entre 1905 y 1912, y Lord Canciller entre 1912 y 1915, puesto del que se vio obligado a dimitir precisamente por supuestas simpatías hacia los alemanes, que nunca se demostraron. Huelga decir que tanto Asquith como Haldane pertenecían al Partido Liberal, el extremo opuesto a Billing. Más tarde arremetió también contra allegados de Robert Ross, quien protegió como mentor a numerosos poetas y escritores homosexuales.

Pese a este numerito, Allan llevaba las de perder desde un principio. Por un lado, como hemos dicho, la prohibición del Lord Chambelán de representar temas bíblicos seguía vigente, con lo cual la interpretación de Salomé, aun en privado, era un punto en su contra; y por otro, el crimen cometido años atrás por su hermano fue también usado contra ella: Billing se remontó a esos hechos para sugerir que en la familia de Allan había alguna enfermedad mental hereditaria que inclinaba a sus miembros hacia la perversión sexual. Un tercer argumento en contra de Allan fue que, según Billing, “clítoris” es un término que pocos fuera de la profesión médica entenderían, y que la propia Allan conocía debido a su propia degeneración moral.

Billing atacó asimismo la Salomé de Wilde, que describió como una pieza escrita por un pervertido moral, consistente en una representación explícita de lujuria degenerada, crimen sexual y pasiones antinaturales. Al final, gran parte del juicio fue protagonizada por Wilde, y se dio capital importancia a la interpretación de su obra: absolver a Billing, tal y como fue sentido entonces, significaría que el pueblo inglés repudiaba la obra de Oscar Wilde, mientras que, por el contrario, condenarlo supondría un desagravio póstumo al escritor.

En un caso como éste, cómo no, no podía dejar de aparecer Lord Alfred Douglas, el amante que llevó a la perdición a Oscar Wilde, y que, desde el mismo juicio que enfrentó a su padre con Wilde y que propició la caída del artista, alternativamente se erigió en defensa de Wilde, asegurando ser la única persona que lo había amado y que sufriría por él lo que fuese necesario (todo ello desde la comodidad del exilio, pues Wilde no quiso que Douglas corriera su misma suerte), como renegó de él y lo vituperó salvajemente. En este caso, Douglas tenía un especial interés, dado que junto con la reputación de Maud Allan estaba en juego la de Robert Ross, a quien envidiaba y odiaba profundamente.

Transcribo alguna de las muestras de la fidelidad de Douglas (la acotación en cursiva, así en el original, es de Pérez de Ayala):

Douglas.– Autor, poeta, director de la Academia desde 1907 a 1910, he hecho un estudio escrupuloso de la obra de Oscar Wilde, al cual conocí íntimamente desde 1892 hasta su muerte. La reputación que alcanzó Oscar Wilde como crítico, autor o poeta, me parece muy exagerada. No tiene la mitad del talento que se le ha concedido. Habilidad técnica, eso sí. No se servía de las palabras a la ligera, y decía lo que quería decir. Cuando parece decir una cosa, es con toda intención. Los símbolos de Salomé son explícitos y no requieren comentarios. Este drama, construido en inglés y traducido, con la ayuda de algunos escritores franceses, en época en que Wilde no dominaba bastante esta lengua, fue luego nuevamente escrito en inglés por mí, bajo su dirección. De suerte que poseo especialísimo conocimiento de sus ideas íntimas.
B.– ¿Cuáles son esas ideas, tales como él se las hubo de expresar a usted?
D.– Quería hacer la historia de una perversión sexual. Y aun hay más: un pasaje sodomítico, concebido con intención sodomítica.
B.– ¿Se lo dijo así él mismo?
D.– Me lo dijo sin emplear, es verdad, la palabra sodomítico, porque tenía la costumbre de enmascarar sus abominaciones bajo un lenguaje florido. Ejerció la más diabólica influencia sobre cuantos se le aproximaron. Fue la más poderosa fuerza del mal en Europa, desde hace trescientos cincuenta años. [La exactitud de esta cifra, tres siglos y medio justos, ni año más ni año menos, no deja de sorprendernos].
B.– ¿Habla usted solamente de homosexualidad?
D.– No. Wilde era agente del demonio de todas las maneras imaginables. Su único objeto en la vida era atacar la virtud, denigrarla o presentarla ridícula.
B.– ¿Qué edad tenía usted cuando le conoció?
D.– De veintiuno a veintidós años.
B.– ¿Lamenta usted haberle conocido?
D.– Lo lamento amargamente.
B.– ¿Considera usted Salomé como una obra clásica?
D.– No. Se ha hecho clásica a causa de los elogios insensatos de los críticos y de la notoriedad exagerada.
B.– ¿Piensa usted que debe ser conservada por la nación?
D.– Ciertamente que no. Wilde jamás escribió sin intención nociva y sentimiento pervertido.

[…]

B.– ¿Deplora usted haber colaborado en Salomé?
D.–Lo deploro profundamente. Es una obra abominable. Las personas normales sienten hacia ella honda repugnancia; los corrompidos, se deleitan; pero todo ser moralmente indeciso, es una víctima segura.”

Douglas, encantador como siempre. Aparte de esto y una serie de despropósitos más, afirmó que Wilde había encontrado la inspiración para escribir Salomé en el Psychopathia Sexualis, un libro acerca de perversiones sexuales del psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, publicado en 1886. Más tarde, y para no faltar a la costumbre, molestó tanto con sus desvaríos que el juez lo expulsó de la sala.

Billing concluyó su disertación insistiendo en la relación entre Salomé, el “Libro Negro” y la incapacidad de Gran Bretaña para ganar la guerra. Tras una serie de largas y confusas instrucciones por parte del juez, el jurado, al más puro estilo estadounidense, dio la razón a Billing, convencidos de que estaban inclinándose correctamente en una causa entre el Bien y el Mal. El Estado presentó cargos de obscenidad contra Allan por la forma en que ejecutaba su papel como Salomé, y fue acusada de practicar ella misma varios de los actos sexuales que se describen (o se suponen implícitos) en la obra de Wilde, incluyendo entre ellos la necrofilia.

La victoria de Billing supuso para él una favorable publicidad, que propició que fuese reelegido para el Parlamento en las siguientes elecciones. En cuanto a Maud Allan, aunque su carrera no quedó truncada, jamás volvió a degustar el éxito que había conocido en el pasado. Compartió su vida con su secretaria y amante, Verna Aldrich, y murió en 1956 en Los Ángeles. Robert Ross murió a finales de ese mismo año, cuando se disponía a viajar a Melbourne para inaugurar una exposición de la National Gallery. Douglas, como toda mala hierba, aún viviría muchos años, durante los cuales, al igual que su padre, se vio envuelto en multitud de juicios. Entre ellos, posiblemente el más llamativo sea el caso que tuvo en 1923 con Winston Churchill por difamación, y que costó a Douglas seis meses en la cárcel.



La escena de la danza de Salomé, en la película de 1923 con Alla Nazimova.

HOARE, Philip, Wilde's Last Stand: Decadence, Conspiracy & The First World War. Londres: Duckworth, 1997.
McLAREN, Angus, "'The Cult of the Clitoris': Sexual Panics and the First World War", en su Twentieth-Century Sexuality: a History. Oxford: Blackwell, 1999 (lo podéis consultar en Google Books).
MEDD, Jodie, "'The Cult of the Clitoris': Anatomy of a National Scandal," Modernism/Modernity 9, no. 1, 2002, 21–49.
PÉREZ DE AYALA, Ramón, “Proceso póstumo”, en Las máscaras, II, incluido en el vol. V de sus Obras completas. Madrid: Fundación José Antonio de Castro, 2003.



viernes, 26 de agosto de 2011

"Sister, sister..."

Ahora que trato de escribir por placer (entiéndase, relatos y poemas, o cualquier cosa que no tenga que ver con la tesis), he comenzado a interesarme mucho por un género –o subgénero, si se prefiere– poco usual por estos lares, pero muy extendido en Inglaterra, Escocia y Escandinavia: las baladas de asesinatos.

Se trata de baladas de forma tradicional, con la peculiaridad de que narran cómo se llevó a cabo un crimen, real o ficticio. Normalmente cuentan quién fue la víctima, qué razón impulsa al criminal a matarla, cómo es atraída al lugar del crimen y, obviamente, el acto en sí mismo, así como la huida o captura del asesino. A menudo concluyen con el asesino en prisión o camino de la horca, casi siempre en estos casos con un aviso al oyente de que no siga los pasos del criminal.

Algunas cuentan la historia desde la perspectiva del asesino, o tratan al menos de hacer que el receptor simpatice con el mismo; otras, desde el punto de vista de la víctima, como en 'Lord Randall', en la que el narrador enferma y descubre que ha sido asesinado.

Pero el aspecto más interesante, a mi parecer, es el de la venganza por parte de la víctima a través de medios sobrenaturales. Y esto nos lleva a 'The Cruel Sister', que es de lo que quiero hablar.



'The Cruel Sister' es la historia de una joven que muere ahogada por culpa de su hermana. Hay versiones que se remontan al s. XVII (la más Antigua conocida data de 1656, bajo el nombre de 'El Molinero y la Hija del Rey'. Como es lógico, después de tanto tiempo hay multitud de versiones. Se conocen al menos 21 variantes inglesas bajo diversos nombres, como 'Minnorie' o 'Binnorie' (así aparece en la colección de Francis James Child, siendo la Child Ballad nº 10), 'The Twa Sisters', 'The Wind and Rain', 'Dreadful Wind and Rain' y 'Bonnie Bows of London'. Sólo en Suecia hay al menos 125 variantes conocidas de 'De två systrarna'; en otros países nórdicos es conocida como 'Den talende strængelek' o 'De to søstre' (en danés), 'Hørpu ríma' (faroés), 'Hörpu kvæði' (islandés) o 'Dei tvo systar' (noruego). Hay casos más excepcionales, como el de 'Two søstra' (en noruego antiguo).

En el relato, dos hermanas se acercan a un río o al mar. La mayor empuja a la pequeña, negándose luego a prestarle auxilio –en muchos casos, se dice explícitamente que intenta lograr que su hermana se ahogue–. La razón para ello son los celos por el afecto de un hombre: en unas versiones, ambas hermanas son cortejadas por un mismo pretendiente, y en otras éste, a pesar del amor que le profesa la mayor, está interesado en la otra. Algo común a casi todas las versiones es la descripción de las hermanas: la mayor es morena, oscura, mientras que la pequeña es rubia, y recibe adjetivos relacionados con la luz (en las variantes nórdicas son comparadas con hollín y leche). Lo típico, vaya: que la mala es oscura y siniestra y la buena rubia, luminosa y angelical.


La historia se pone interesante cuando el cadáver de la hermana menor alcanza las orillas: entonces, alguien que pasa por allí emplea sus huesos para fabricar un instrumento, ya sea un arpa o un violín, y hace uso de sus cabellos dorados como cuerdas. Dicho instrumento, al ser tocado, revela el crimen; esto suele ocurrir en la casa de las hermanas o en un evento público, como la boda de la hermana mayor y el pretendiente. Como puede observarse, los maestros del suspense vienen ya de hace tiempo.

En la variante titulada 'The Twa Sisters' ('Las Dos Hermanas') se suele omitir el instrumento mágico, y en su lugar tenemos un personaje añadido (normalmente un molinero, a cuyo molino de agua llega flotando la hermana menor) que es ejecutado por saquear el cadáver, cargado de anillos y alhajas que le habría regalado su pretendiente. En estos casos, la hermana mayor acostumbra irse de rositas. A fin de cuentas, no se trata de tragedias shakespeareanas, y alguien ha de quedar vivo para que la historia se transmita…

En la mayoría de versiones noruegas y algunas de las variantes suecas, la historia termina con la hermana pequeña volviendo a la vida al ser roto el instrumento. En otras versiones, realmente no había muerto ahogada, y tras recuperarse cuenta la historia ella misma.

Si queréis profundizar en el tema, aquí tenéis una considerable cantidad de versiones.

Relatos similares

Hay una versión en prosa muy conocida, llamada
El Hueso Cantor, que forma parte del corpus compilado por los hermanos Grimm. Aquí son dos hermanos quienes se enfrentan, pero no por amor, sino por una recompensa del rey.

Ante la amenaza de un jabalí que asola su país, los dos hermanos se disponen a cazarlo; mientras el mayor se para a beber para hacer acopio de valor, el menor se encuentra con un hombrecillo que le da una lanza, con la cual mata a la bestia. En el camino de vuelta se encuentra con su hermano, quien, al ver el cuerpo del animal abatido, le da de beber y pregunta cómo logró matar al jabalí. El inocente hermano menor le relata su aventura, y ambos continúan su camino para entregar la pieza al rey; pero antes de llegar, el mayor asesina al pequeño, entierra su cadáver bajo un puente y entrega el jabalí al rey, ganándose así la mano de su hija.


Posteriormente, un pastor encuentra un hueso bajo el puente y hace con él una boquilla para una gaita, que comienza en ese momento a sonar por sí solo. El pastor lleva el instrumento maravilloso al rey, quien al oír la canción hace desenterrar el esqueleto. El hermano mayor, acorralado, confiesa el crimen y es ejecutado.

Otro cuento, éste de Hungría, relata la historia de un rey que tiene tres hijas. Las dos mayores son feas y crueles, y envidian a la menor debido a su belleza; un día, la asesinan en el bosque y ocultan su cadáver dentro de un violín, que a partir de entonces emite música sin necesidad de que nadie lo ejecute, y acaba volviendo a la familia real. El violín no suena para las hermanas malvadas, pero cuando el rey trata de tocarlo, su hija menor vuelve a la vida. Las hermanas mayores son encerradas, pero posteriormente la menor, convertida en reina, las perdona.



Las hermanas en la actualidad


La historia, siendo tan conocida como es en Reino Unido y los países escandinavos, ha sido llevada numerosas veces a la literatura y la música. Tennyson escribió un poema, ‘The Sisters' Shame’, que bebe de esta balada; comienza con la siguiente estrofa:


We were two daughters of one race;
She was the fairest in the face.
The wind is blowing in turret and tree.
They were together, and she fell;
Therefore revenge became me well.
O, the earl was fair to see!


Además del anteriormente mencionado Francis J. Child, Joseph Jacobs lo incluyó en su volumen
Celtic Fairy Tales, también bajo el nombre de “Binnorie”. Más recientemente, Patricia Wrede reescribió la historia en su Book of Enchantments, una colección de historias cortas; en este caso, el incidente es contado por una tercera hermana, inspirándose en ‘The Bonny Swans’ de Loreena McKennitt, que es una versión de la balada.

En el mundo de la música, sin embargo, fue Pentangle el grupo que marcó un antes y un después con su ‘Cruel Sister’, en la cual se basaron los Old Blind Dogs para la versión que incluye su disco
Close to the Bone.

Folque, un grupo de folk-rock noruego nacido a mediados de los 70, grabó la misma canción, con letra en noruego, en su álbum debut. El tema se llama ‘Harpa’ (que significa lo que parece); posiblemente sea mi versión favorita. Aquí, el estribillo “Lay the bairn tae the bonnie broom” (algo así como “acuesta al niño en la bella retama”) es sustituido por “Harpa toner var og fin” (“los sonidos del arpa eran hermosos”), anticipando desde la primera estrofa lo que ocurrirá más tarde.

Por otro lado, Linde Nijland y Annemarieke Coenders, o lo que es lo mismo, Ygdrassil, tomaron también la música de Pentangle para hacer una versión a cappella y abreviada, finalizando la canción cuando la hermana menor se ahoga.

El grupo irlandés Clannad, en su disco
Dúlamán, se inclina por la variante en que aparece el personaje del molinero.

En Estados Unidos, Bob Dylan y Tom Waits hicieron sus propias grabaciones en torno a esta historia. La versión que más extendida allí es la llamada ‘Dreadful Wind and Rain’, que con el tiempo fue evolucionando, adquiriendo un cierto toque de bluegrass. Como ejemplos tenemos las grabaciones de Jerry Garcia y David Grisman, y posteriormente, el grupo indie Okkervil River.

Y, por si los ya presentados fueran pocos, dejo aquí unos cuantos más. La lista no es exhaustiva ni mucho menos, un rápido vistazo por Youtube bastaría para encontrar decenas de versiones más.

-‘The Wicked Sister’, una preciosa interpretación de Méav Ní Mhaolchatha.
-‘De Två Systrarna’, peculiar versión de los suecos Folk & Rackare.
-‘Two søstra’, versión en noruego antiguo del grupo de folk metal In Extremo.
-‘Two Sisters’ del multiinstrumentalista Andrew Bird, integrada en Music of Hair.
-'Two Sisters', otra versión muy personal, del cantante folk Jim Moray.


Y, por último, la genial versión de los Old Blind Dogs, y la letra traducida.


There lived a lady by the North Sea shore
Vivía una dama en la costa del Mar del Norte
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
Twa daughters were the bairns she bore

Dos hijas fueron las que dio a luz
Fa la la la la la la la la la



One was as bright as is the sun

Una era tan radiante como el sol
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
Sae coal black grew the elder one
Negra como el carbón creció la mayor
Fa la la la la la la la la la


A knight came riding to the ladies' door
Un caballero llegó a caballo hasta la puerta de las damas
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
He travelled far to be their wooer
Viajó desde lejos para ser su pretendiente
Fa la la la la la la la la la


He courted one, aye, with gloves and rings
Cortejó a una, sí, con guantes y anillos
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
But he loved the other above all things
Pero amaba a la otra sobre todas las cosas
Fa la la la la la la la la la


"Sister, sister won't you walk with me
“Hermana, hermana, ¿no pasearías conmigo
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
An' see the ships sail upon the sea?"
Para ver los barcos haciéndose a la mar?”
Fa la la la la la la la la la


And as they stood on that windy shore
Y mientras estaban en aquella ventosa costa
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
The elder sister pushed the younger o'er
La hermana mayor empujó a la más joven
Fa la la la la la la la la la


Sometimes she sank or sometimes she swam
A ratos se hundía y a ratos nadaba
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
Crying, "Sister, reach to me your hand"
Gritando: “Hermana, dame tu mano”
Fa la la la la la la la la la


And there she floated just like a swan
Y era llevada flotando como un cisne
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
The salt sea carried her body on
El mar salado arrastró su cuerpo
Fa la la la la la la la la la


Two minstrels walking by the North Sea strand
Dos juglares que caminaban por la playa del Mar del Norte
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
They saw the maiden, aye float to land
Vieron a la dama, sí, flotando hacia tierra
Fa la la la la la la la la la


They made a harp out of her breast bone
Hicieron un arpa con sus costillas
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
The sound of which would melt a heart of stone
Cuyo sonido podría derretir un corazón de piedra
Fa la la la la la la la la la


They took three locks of her yellow hair
Cogieron tres mechones de su rubio cabello
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
And wi' them strung that harp so rare
y con ellos pusieron cuerda a aquella peculiar arpa
Fa la la la la la la la la la


The first string that those minstrels tried
La primera cuerda que los juglares tañeron
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
Then terror seized the black-haired bride
Aterrorizó a la novia de cabello negro
Fa la la la la la la la la la


The second string played a doleful sound
La segunda cuerda emitió un sonido funesto
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
"The younger sister, oh she is drowned"
“La hermana menor, oh, se ha ahogado”
Fa la la la la la la la la la


The third string, it played beneath their bow
La tercera cuerda sonó bajo su arco
Lay the bairn tae the bonnie broom
Acuesta al niño en la retama
"And surely now her tears will flow"
“Y ahora, sin duda, correrán sus lágrimas”
Fa la la la la la la la la la

lunes, 15 de agosto de 2011

Not just a library


Hace poco, hurgando por internet, descubrí una de las más emocionantes iniciativas para incentivar la lectura que hayan podido darse, gracias a este artículo que podéis encontrar en una de las Webs en la columna de la derecha.

A principios de 1971, poco tiempo después de que se inaugurase la Biblioteca Pública de Troy, Michigan, una empleada de la sección infantil llamada Marguerite Hart se aventuró a contactar con políticos, científicos, actores y escritores de la época, con un único propósito: solicitar a estos personajes públicos que escribieran unas líneas dirigidas a los niños de su localidad, animándoles a descubrir el mundo de aventuras y conocimientos que, escondido en los volúmenes de la biblioteca, les estaba aguardando.


El resultado fue abrumador. Al cabo de un tiempo comenzaron a llegar las ansiadas respuestas: algunas muy formales, otras breves maravillas en papel, en total 97 cartas se agolparon en el correo de la Biblioteca. Neil Armstrong fue uno de los remitentes; su mensaje concluía con las siguientes palabras:

Knowledge is fundamental to all human achievement and progress. It is both the key and the quest that advances mankind. The search for knowledge is what brought men to the moon; but it took knowledge already acquired to make it possible to get there.

How we use the knowledge we gain determines our progress on earth, in space or on the moon. Your library is a storehouse for mind and spirit. Use it well.

Traducido para mayor comodidad, dice:

El conocimiento es fundamental para toda hazaña y avance humano. Es, al mismo tiempo, la llave y la búsqueda que hace avanzar a la humanidad. La búsqueda de conocimiento es lo que llevó al hombre a la Luna; pero el saber ya adquirido fue lo que hizo posible llegar allí.

Cómo usamos el conocimiento que obtenemos determina nuestro progreso en la Tierra, en el espacio, o en la Luna. Vuestra librería es un almacén para mente y espíritu. Haced buen uso de él.






A la petición de Mrs Hart respondieron, entre otros muchos, el entonces gobernador de California Ronald Reagan, el escritor de cuentos Theodore Geisel más conocido como Dr. Seuss o el gran Vincent Price, quien envió una carta de su puño y letra (la que aparece a la izquierda). Una de las colaboraciones más emotivas y maravillosas es el brevísimo mensaje que escribió el científico y escritor Isaac Asimov, reproducido a continuación:










16 March 1971


Dear Boys and Girls,

Congratulations on the new library, because it isn't just a library. It is a space ship that will take you to the farthest reaches of the Universe, a time machine that will take you to the far past and the far future, a teacher that knows more than any human being, a friend that will amuse you and console you –and most of all, a gateway, to a better and happier and more useful life.


Isaac Asimov
En castellano:

16 de marzo de 1971

Queridos niños y niñas,

Felicidades por la nueva biblioteca, porque no es sólo una biblioteca. Es una nave espacial que os llevará a los más lejanos límites del Universo, una máquina del tiempo que os llevará al lejano pasado y al lejano futuro, una profesora que sabe más que ningún ser humano, una amiga que os divertirá y consolará –y, por encima de todo, una puerta, a una mejor, más feliz y más provechosa vida.

Isaac Asimov


Y no menos extraordinaria es la carta que escribió para la ocasión E.B. White, recordado especialmente por dos novelas infantiles: Stuart Little y Charlotte’s Web (La Telaraña de Carlota):





E. B. WHITE
NORTH BROOKLIN, MAINE
April 14, 1971

Dear Children of Troy:

Your librarian has asked me to write, telling you what a library can mean to you.

A library is many things. It's a place to go, to get in out of the rain. It's a place to go if you want to sit and think. But particularly it is a place where books live, and where you can get in touch with other people, and other thoughts, through books. If you want to find out about something, the information is in the reference books---the dictionaries, the encyclopedias, the atlases. If you like to be told a story, the library is the place to go. Books hold most of the secrets of the world, most of the thoughts that men and women have had. And when you are reading a book, you and the author are alone together---just the two of you. A library is a good place to go when you feel unhappy, for there, in a book, you may find encouragement and comfort. A library is a good place to go when you feel bewildered or undecided, for there, in a book, you may have your question answered. Books are good company, in sad times and happy times, for books are people---people who have managed to stay alive by hiding between the covers of a book.

E.B. White
Traducido de nuevo:

E. B. WHITE
NORTH BROOKLIN, MAINE
14 de abril de 1971

Queridos niños de Troy:

Vuestra bibliotecaria me ha pedido que os escriba, contándoos lo que una biblioteca puede significar para vosotros.

Una biblioteca es muchas cosas. Es un lugar al que ir, para evitar la lluvia. Es un lugar al que ir si queréis sentaros y pensar. Pero es especialmente un lugar donde viven los libros, y donde podéis entrar en contacto con otras personas, y otros pensamientos, a través de los libros. Si queréis averiguar algo, la información está en los libros de referencia: los diccionarios, las enciclopedias, los atlas. Si queréis que os cuenten una historia, la librería es el lugar al que ir. Los libros contienen la mayoría de secretos del mundo, la mayoría de pensamientos que hombres y mujeres han tenido. Y cuando estáis leyendo un libro, vosotros y el autor estáis solos juntos, sólo vosotros dos. Una librería es un buen sitio al que ir cuando os sintáis tristes, pues allí, en un libro, podéis encontrar aliento y consuelo. Una librería es un buen sitio al que ir cuando os sintáis desconcertados o indecisos, pues allí, en un libro, podéis encontrar la respuesta a vuestra duda. Los libros son buenos compañeros, en momentos tristes y felices, ya que los libros son gente: gente que se las ha arreglado para sobrevivir ocultándose entre las tapas de un libro.

E.B. White



En la página web de la Biblioteca Pública de Troy pueden leerse las 97 cartas en formato pdf. Merece la pena echarle un vistazo. Lamentablemente, como suele ocurrir con los sitios iluminados por un espontáneo chispazo de imaginación, la biblioteca se encuentra hoy en peligro de clausura; aunque, según leí en una noticia del pasado abril, hay aún un atisbo de esperanza para el almacén de sueños que la señora Marguerite Hart iluminó entonces con su osada iniciativa.


jueves, 4 de agosto de 2011

Piloto

Bueno, estoy de vuelta.

Después de un largo tiempo sin escribir más allá de lo relacionado con los estudios, he vuelto a interesarme en internet y sus múltiples posibilidades. Me he atrevido a indagar en Twitter, donde me encuentro bastante a gusto –aunque no exploto todo su potencial: renuncio a avisar cuando preparo un té o me rasco la nariz–. También me he aventurado de nuevo, hace ya bastante, en Facebook; y a pesar de sus cualidades (aparte de teneros a tantos de vosotros ahí, está la posibilidad de pasarse la tarde rodando de la risa al leer los nombres de los grupos que uno se encuentra), no acaba de convencerme, pese a lo que más de uno pueda pensar.

El invento de Zuckerberg tiene una gran pega desde mi punto de vista, y es que limita mucho a la hora de escribir. Y pensaréis: “pues si Facebook limita, ¡tú dirás qué hace Twitter!”. Claro que sí; lo que ocurre es que Twitter lo uso como reto literario, para pensar en haiku (que es prácticamente lo que permite escribir). Facebook, en cambio, parece diseñado para comunicarse en masa y desarrollar las ideas plenamente, pero tiene también un tope a la hora de escribir que me parece establecido con cierta mala baba. Siempre queda el recurso de escribir notas, pero quedan medio escondidas, y si la idea fuese guardarlas para mí ya procuraría apuntarlas en un cuaderno de toda la vida. No; para prodigarme escribiendo, aunque sea algo que no haga de forma regular, prefiero un blog.

Espero darle vida pronto, y llenarlo de artículos interesantes; tal vez, si sigue esta racha aventurera, me lance a publicar aquí algún fragmento de las historias que me traigo entre manos. Procuraré que haya también alguna entrada sesuda –aunque se suda, como dirían Les Luthiers, cuando hace calor–, de ésas que a veces apetece escribir en alguna parte pero tampoco tienes tantas ganas como para convertirlas en una publicación académica. En suma, algo para todos los gustos, divertido y ameno. Algo que disfrutéis tanto como yo escribiéndolo.

Veremos qué sale.